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Calles sin tarantines, cajones y maniquíes es el escenario que a partir de la medianoche que le dice adiós al año 2007 y le da la bienvenida a 2008, debe reinar en el casco central de Puerto La Cruz, una vez que los trabajadores de la economía informal abandonen las principales arterias viales de la ciudad para irse al mercado que esperaban desde hace más de seis años.
Según el acuerdo que firmó el alcalde del municipio Sotillo, Nelson Moreno, con los buhoneros, a mediados de septiembre, éstos abandonarán las calles hoy cuando terminen la jornada laboral, además se comprometen a colaborar en la reparación de los daños que causaron durante el tiempo que estuvieron en las avenidas portocruzanas.
Una vez que los mil 250 puestos del mercado Gracia de Dios - incluyendo los doscientos que recientemente elaboró la alcaldía en los espacios donde estaba la iglesia del establecimiento- sean ocupados el estilo de vida de los buhoneros y del resto de los residentes de la jurisdicción cambiará; pues los primeros pasarán a formar parte del comercio formal, por ello deberán cancelar impuestos para mantener las instalaciones que ocuparán; mientras que los segundos podrán transitar por las calles portocruzanas sin tropezarse con los enormes tarantines, cajones, sillas y mesas que los informales acostumbraban colocar en el medio de las aceras y costados de las vías.
Según el primer mandatario local, una vez que los trabajadores de la economía informal se ubiquen en la infraestructura iniciarán el reordenamiento de la ciudad; empezando por rescatar lo que una vez se llamó bulevar Sucre con avenida 5 de Julio. Sin mencionar la inversión, explicó que en toda esta extensión, que por mucho tiempo estuvo copada por buhoneros, colocarán lámparas cuyos modelos serán acordes "al municipio turístico que es Sotillo".
La presencia de los informales en las calles -dijo- le hizo difícil al gobierno local colocar iluminación con el tipo de bombillas que prevén instalar en las principales arterias viales. Sin ordenanza Aunque desde hace varios meses el mandatario municipal anunció que los buhoneros entrarán al establecimiento a partir de mañana, la Cámara Municipal durante este tiempo no aprobó la ordenanza de Comercio Economía Informal, la cual establece que en las calles Buenos Aires, Maneiro, Sucre, Honduras y Libertad queda prohibido ejercer la buhonería, al mismo tiempo obliga a los dueños del mercado de la economía informal a cancelar impuestos para que el gobierno local pueda mantener estas instalaciones.
Según el presidente de la comisión de Servicios Públicos, Julio Morales, el reglamento para regular esta actividad no fue discutido ni aprobado durante este período porque los informales no presentaron las propuestas que el ente legislativo les solicitó, a fin de darle el visto bueno a un estatuto donde todos los sectores involucrados participarán. Estimó que durante los primeros días enero la Cámara Municipal aprobará la ordenanza.
Creció y creció Hace veinte años las calles de Puerto La Cruz no eran ni la mitad de lo que son hoy en día. Una brisa con más olor a mar, poco contaminada con el humo de vehículos, el olor a frutas podridas, basura; y un camino libre donde sólo escasos puestos de ventas de vestimentas de moda en aquella época, ocupaban algunas aceras; era lo que se respiraba y percibía en aquel entonces. Con el pasar de los años, mientras aumentaba el desempleo, incrementaba el número de tarantines en las calles, esta situación importó poco a los organismos del estado. Pasaban los años, pasaban los meses, pasaban los gobiernos y los buhoneros cada vez ganaban más espacios en las vías portocruzanas.
Fue hasta el año 2001 cuando el gobierno de Sotillo, a cargo del alcalde, Nelson Moreno, anunció la construcción del mercado para estos trabajadores, una obra conjunta con el gobierno estadal a cargo del ex gobernador, David De Lima. En este entonces la noticia fue aplaudida por todos los habitantes de la zona metropolitana, quienes vieron en el anuncio la esperanza de algún día recuperar sus calles; mientras que los buhoneros imaginaban dejar de aguantar sol y agua.
Lo que en un principio pareció gestión de gobierno, más tarde se convirtió en anarquía. En vista que pasaban los años y nada que le veían el queso a la tostada; La promesa de terminar el mercado en un lapso no mayor de dos años quedó en el pasado.
Con el pasar del tiempo eran más las personas que se apostaban a las calles a vender mercancía seca, comidas, jugos, frutos y ofrecer otros servicios.
Fue luego de seis años cuando culminaron el centro de acopio para la economía informal, con una desvalorización de casi un cien por ciento del proyecto inicial, que en un principio requería una inversión que no superaba los 10 millardos de bolívares (Bs. F 10 millones); y luego se convirtió en una obra donde la alcaldía invirtió 12 millardos de bolívares (Bs. F 12 millones), incluyendo la compra del terreno, y la gobernación 10 millardos de bolívares (Bs. F 10 millones).
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