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Regionalismo anzoateguiense
En primer término "la región en sí es una construcción social en la historia y no un determinismo de origen geográfico o administrativo"; regionalidad es la cualidad de ser de una región, en tanto que la territorialidad es el conjunto de relaciones que una población mantiene en un territorio percibido como suyo y con las dinámicas provenientes del exterior; mientras que "regionalismo es la identificación consciente, cultural, política y sentimental que grandes grupos desarrollan con el espacio regional" (Taracena, 2000:2).
Los propósitos regionalistas más esenciales son la adecuación de la acción estatal a las necesidades locales; un mayor acercamiento de los ciudadanos a la gestión del Estado; la supervivencia y promoción de las costumbres propias; y, en las regiones atrasadas, la consecución de una justa redistribución de la renta nacional que mejore sus condiciones económicas y sociales. Para conseguir estos objetivos, a diferencia de lo postulado por el nacionalismo periférico, los regionalistas no cuestionan la unidad nacional, pero sí propugnan la descentralización de forma que se adapte la actividad de los poderes públicos a las condiciones concretas de las distintas zonas.
Hay experiencias que bien identifican el fenómeno regionalista en Venezuela, tal es el caso de los Zulianos, es admirable ese compromiso y respeto por lo local, lo propio, lo de ellos. Esa actitud de querer lo que es producto de su cultura, privilegiando lo suyo sobre otras cosas, permite anteponer sus intereses ante todo lo demás. En Anzoátegui, tal vez por las características históricas de nuestra conformación, por ser un centro de paso hacia el resto del oriente venezolano, el sentido de identidad y pertenencia no se ha desarrollado con la fuerza debida. Esto ha permitido que el oportunismo se aproveche de esa debilidad y penetre por esa grieta para brindar oportunidad a recién llegados, que sin sentido de responsabilidad moral con nuestro pueblo ni identidad con sus históricos problemas arriban a posiciones de poder y luego se rodean de otros foráneos para gobernar a su forma y estilo, fuera de sintonía con la realidad y demandas de nuestra gente.
Vale destacar que un pueblo es una mixtura de propios y extraños, que se fusionan y con el tiempo no se distinguen, son iguales. Esto sucede debido a que los foráneos que vienen a vivir con nosotros, durante años demuestran con su conducta y habilidades el nivel de compromiso y arraigo necesario para generar la confianza suficiente para otorgarles por igual la oportunidad de compartir su historia presente y su futuro.
Los procesos electorales son ejemplos de esas grietas antes señaladas, se prestan para la libre y lícita participación de vecinos y foráneos a cargos de elección popular, el riesgo lo conocemos, lo hemos probado. Hay candidatos impuestos por cúpulas de partidos nacionales, otros sólo vienen de lejos por negocios mercantiles o tal vez a probar suerte. Lo cierto es que dejar al azar nuestro gobierno regional no es una opción digna para los que defendemos lo nuestro.
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