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La indiferencia religiosa es producto del desconocimiento, de la ignorancia, en la materia religiosa.
En nuestro país, mayoritariamente católico, mucha gente vive una fe superficial, apoyada en algunas creencias y en el rezo de algunas oraciones, pero con muy poca o ninguna cultura religiosa, en la cual más incide aún la falta de un hogar donde se haya enseñado el catecismo, los principios y valores cristianos, religiosos y morales, y si además se ha estudiado en colegios públicos.
En esta situación el ser humano cae en un sincretismo religioso y en muchas supersticiones. Ante las dificultades que se le presentan busca muchas veces su solución consultando a espiritistas, brujos, a quien lea las cartas, yendo a la montaña de la mal llamada diosa María Lienza, en el horóscopo o en cualquier otra superstición y no se acude a Dios, el único que en verdad quiere y puede ayudarnos a solucionar nuestros problemas,. sean de tipo espiritual, de salud, o de tipo material.
La indiferencia religiosa conduce también a una separación entre la fe y la vida; a un relativismo moral y a una pérdida de los valores, los cuales, como sabemos, se han venido deteriorando sobretodo en las tres últimas décadas.
En esas situaciones, muchas veces, se tiene como patrón de conducta, como criterio de la moralidad, lo que se ve hacer a los demás y se pierde mucho la capacidad de discernimiento entre lo que se debe o no se debe hacer. Como dice el refrán: "Para donde va Vicente, para donde va la gente".
En el ámbito cristiano no puede haber indiferentes. Cristo exige para su seguimiento una opción radical. El dijo: "Quien no está conmigo, está contra mí" y "quien no recoge conmigo, desparrama". También dijo: "Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su esposa o esposo, a sus hijos, a sus hermanos y hermanas y aún más que así mismo, no puede ser mi discípulo" "Lc 14,36).
Y no es que Cristo quiere que no amemos a la familia; por el contrario, con el amor que El nos da podemos amar más y mejor a nuestros familiares.
El ser humano, por naturaleza, es religioso. Esto lo demuestra la historia del hombre y de la humanidad. Y se debe ser coherente con las creencias religiosas que se tengan, enriqueciéndolas con una formación religiosa y con la puesta en práctica de las mismas.
Hoy en día hay infinidad de cursos para muchos campos del saber humano, pero lamentablemente no estudiamos nuestra religión y, a causa de ello, padecemos de este gran mal que es la indiferencia religiosa.
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