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La reacción de la oposición venezolana frente al episodio del referendo autonomista boliviano ha puesto de relieve las deficiencias programáticas que padece. ¿Qué hubiera hecho la oposición de haber sido gobierno? ¿Qué habría dicho su representante en la OEA? ¿Qué opinión habría sostenido un jefe de Estado opositor?.
Cuando una fuerza política ejerce la condición opositora, va prefigurando, a través de sus posiciones y opiniones, las coordenadas que guiarán su ejercicio del gobierno cuando acceda a éste. Es lo que se acostumbra llamar propuesta programática.
Frente a un evento tan importante para el destino latinoamericano, como lo es el planteamiento hecho por los partidos conservadores bolivianos, la oposición partidista venezolana no fijó, antes del día del referendo, ninguna posición, lo cual es un preocupante signo de flaqueza política, consecuencia de la falta de definiciones programáticas claras.
Sin embargo, en los días previos a la votación en el departamento de Santa Cruz, algunos sectores de la oposición venezolana habían propiciado un estado de ánimo favorable a los partidos autonomistas bolivianos. En principio, más como un reflejo anti Chávez, que como una toma de posición sobre lo que estaba en juego en el referendo. Algo así como ocurre con frecuencia frente a tantas situaciones interpretadas desde la óptica de la polarización venezolana y que conduce a actitudes caricaturescas como respaldar la invasión a Irak o mostrarse en desacuerdo con el ingreso venezolano a Mercosur, simplemente por llevarle la contraria al gobierno.
Pero luego del referendo, en medio de la euforia de un supuesto éxito continental de la oposición venezolana, comenzaron a escucharse opiniones de los partidos políticos que asumían el referendo y los planteamientos de la ultra derecha boliviana, como suyos. Se pasaba así de la crítica a las posiciones de extrema izquierda de Evo Morales a otro plano, justificando las banderas separatistas y defendiendo intereses y modelos clasistas que nada tienen que ver con la lucha por la democracia y las libertades.
Algunos pensaron, ingenuamente, que a Chávez se le habían ido los tapones cuando atacaba a la oposición venezolana a propósito del caso boliviano. Pero no ha sido así. Al igual que en el episodio de la Exxon, se le han dado nuevamente argumentos. La oposición guardó silencio cuando debió pronunciarse contra las pretensiones de la derecha boliviana, ni siquiera respaldó el pronunciamiento de la OEA y hubo hasta quienes llegaron a identificarse con ese sector. ¿Se puede construir así una alternativa progresista?.
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