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Puerto La Cruz lunes, 08 de septiembre de 2008
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PUEDO DECIR ALGO: Imprimir E-Mail
escrito por Jesús Peñalver   
domingo, 06 de julio de 2008

GUERRA SUCIA VS AIRES DE CAMBIO

La guerra sucia se ha desatado en el Municipio Bruzual, en Anzoátegui, signada por los esfuerzos locos y las desesperadas pancadas de ahogado que están dando ciertos sectores que se oponen -resisten a aceptar-  la opción electoral del candidato a Alcalde, hoy en funciones de concejal,  que hasta ahora cuenta con el apoyo de las mayorías, según reflejan las encuestas; que  ha calado en el ánimo del colectivo bruzualense.

Recordemos que otra cosa es el término guerra sucia que se ha utilizado en distintos contextos, para aludir situaciones de intervención del ejército o de grupos paramilitares contra la población civil de un país, particularmente en gobiernos represivos que repelen injustamente las protestas o reclamos de los pueblos por sus legítimas reivindicaciones o luchas democráticas.  Como es  el caso, aquí tratamos  la guerra sucia como esa deleznable forma de hacer propaganda política -en tiempos de elecciones- para ganar adeptos mediante la descalificación del contrario.

Aunque el candidato-concejal ya estaba advertido, la realidad no tardó en darnos la razón; tampoco era muy difícil atinar en prever una campaña plagada de intriga, agresividad y miedo contenido; sin embargo, él sigue siendo el garante de la concordia democrática, de un  gobierno plural en Bruzual, de la Unidad, pues.

 Fíjense, amables lectores, lo que no ha debido pasar de  ser  un simple y rutinario procedimiento policial o militar, donde se retuvo y chequeó un vehículo y a su conductor, así como los respectivos documentos de propiedad, que una vez cotejados éstos con los seriales de dicho carro, se observó una presunta inconsistencia, ha sido aprovechado por los  manipuladores laboratoristas de suciedad electoral, dentro de ese  plan diabólico que han diseñado, atreviéndose a echar a rodar la falsa  especie en torno a la supuesta detención del candidato de la Unidad,  pretendiendo vincularlo con ese  hecho. 

El cambio va; aunque se instalen laboratorios de campaña sucia proveniente de no se sabe donde, entiendan los adversarios de poca monta que no resulta  cuesta arriba ni descabellado imaginarse quien o quienes la promueven con su enana capacidad de pensamiento, cortedad de imaginación, carentes de ideas, negados al debate  democrático que propendan al beneficio del Municipio, intentando perjudicar, a toda costa, la imagen del candidato en loco afán por impedir su triunfo el próximo 23 de noviembre. No es hora de amañados arreglos, subrepticios negociados ni pases agazapados. La mentira tramposa enseña  siempre sus patas cortas.

Han sido incapaces de darse cuenta  del carácter reversible que suelen tener esas prácticas electoreras; que no conseguirán ni podrán negar  el trabajo sostenido e incansable que desde el comando de campaña del candidato-edil se ha venido realizando; que se requiere de verdadera disposición y decidido empeño  para construir y amalgamar la necesaria Unidad que haga frente al oficialismo, llevando siempre un mensaje coherente de fusión de los factores democráticos de oposición y de entendimiento, de allí que su candidatura esté bien posicionada.

El pueblo  rechazará de manera contundente, con inteligencia y claridad meridiana, ese y cualquier otro rumor que los alocados,   presos de su indignación antidemocrática, hagan correr pretendiendo  debilitar o empañar la vigorosa fuerza que hoy exhibe la candidatura del edil.

 Si bien la crítica sincera, oportuna y constructiva es conveniente y necesaria para corregir errores y tomar decisiones de rectificación, con  objetivos de progreso y bienestar social, limpiando a la  comunidad  de vicios dañinos y peligrosos,  cuando la mentira está al servicio del rencor impotente, del odio sin talento, se convierte en lo más soez que pueda darse.

Los sucios facinerosos electoreros  no deben olvidar que la mezquindad y tendenciosa perversidad de típico individualismo son malos consejeros;  que la difamación y la injuria son delitos previstos y sancionados en la legislación venezolana;  que el anonimato y las bolas que echen a rodar  con malandrina premeditación sólo revelarán el enanismo intelectual de sus autores. Del  delito no se regresa porque las manos pueden lavarse; pero la conciencia siempre estará sucia, pues hasta allá no llegan ni el agua ni el jabón.

 
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