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Puerto La Cruz lunes, 08 de septiembre de 2008
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Trigo y cizaña Imprimir E-Mail
escrito por Benjamín García Fernández   
domingo, 20 de julio de 2008

Evangelio
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la gente: - el Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.

Cuando se formaba ya la espiga, apareció también la cizaña. Entonces los criados le dijeron al amo: ¿quieres que vayamos a arrancar la cizaña?  Él les respondió: no, porque podrían arrancar  también el trigo.  Déjenlos crecer juntos hasta la siega; entonces arrancarán la cizaña, y la quemarán; el trigo lo almacenarán en los graneros.  - Los discípulos le pidieron que les explicase la parábola. Les dijo: el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo. La buena semilla son los ciudadanos del Reino. La cizaña son los partidarios del maligno. El enemigo que la siembra es el diablo. La cosecha es el fin del tiempo y los segadores son los ángeles.  (Mateo 13, 24-43).

El texto del evangelio trascribe tres parábolas de Jesús. Las tres se refieren al tema central de la predicación del Señor: el Reino de Dios; la segunda se refiere al crecimiento del Reino, el pequeño grano de mostaza llega a ser un arbusto frondoso; la tercera parábola pone de manifiesto  la capacidad transformadora del Reino, Jesús lo compara a la levadura que usan  en las panaderías (un pequeño producto químico transforma toda la masa  de la cual se hace el pan) Mt 13, 24-43.

El mensaje de Jesús está llamado a extenderse por todo el mundo y a reformar las estructuras opresivas, injustas e inhumanas que existen.  A los dirigentes chinos no les agradaron las manifestaciones tibetanas que encontraron eco favorable en el resto del mundo.  Los tibetanos exigían libertad y autonomía, lo mismo que exige el evangelio del Reino. El mismo Jesús explica la primera de las tres parábolas.

Se titula "el trigo y la cizaña".  El trigo y la mala hierba coexisten juntos hasta el final de la siega. Los destinos serán distintos: el granero o el fuego. Pero deben compartir la vida juntas y revueltas. El Maestro explica el sentido de la parábola a petición de sus discípulos. El sembrador es Cristo. El campo es el mundo.  La buena semilla son los ciudadanos honestos. La cizaña son los corruptos y la mala gente. El enemigo es el diablo. La cosecha es el juicio que se hará al final.

No es fácil entender el plan de salvación que Dios tiene sobre la humanidad.  La presencia del mal resulta a veces escandalosa.  La cizaña en la parábola es sembrada con mala intención, no aparece en el campo por azar.  El mal tiene autor, entonces y ahora, la escasez de alimentos  tiene causa, el fiscal Anderson  lo mató alguien, los muertos en las cárceles y los secuestros en campos y ciudades, tienen autores.  

En segundo lugar, no es fácil distinguir y separar lo bueno de lo malo. Hay buena información y la hay tendenciosa. ¿Es fácil distinguir al amigo del cómplice?  San Pablo dice que necesitamos la luz del Espíritu Santo "que viene en ayuda de nuestra debilidad". La verdad es que necesitamos su luz.

"El campo es el mundo", aclara Jesús.  Muchos de sus oyentes eran nacionalistas exacerbados, opuestos rabiosamente a la dominación romana.  El mensaje de Jesús trasciende las fronteras geográficas. La peor cizaña no está en el Imperio. La parábola llama a la convivencia y a la tolerancia. La separación se hará al final. Pero no vale igual el trigo que la cizaña, aunque tengan que convivir en la historia. El juicio de Dios aclarará nuestros desconciertos, pero será al final. El trigo triunfará sobre la mala hierba.

 
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